31 diciembre 2007

Feliz 2008.

Incapaz de pensar un mensaje original de fin de año, incapaz de entender por qué tienen que ser originales, cito aquí a El Gran Wyoming. Los dos tenemos la misma perspectiva, el mismo ingenio, igual carisma… y yo tengo la mitad de gracia.

Decía pues:

seamos conscientes que el 2008 puede ser una mierda de año. Aún así, si cada uno de nosotros da lo mejor que tiene, ¡será una mierda espectacular!”.

Salut!

Y luego… "próspero año nuevo". ¿"Próspero"...? ¿Existe alguna otra ocasión en la que se utilice esta palabra? Gracias por vuestra ayuda.

29 diciembre 2007

Se abre la veda.

Hay chistes que no te dejan hacer, que los propones y una voz hiperconcienciada espeta: “no, eso no se puede decir”.

Pues hoy, en el informativo del mediodía de Antena 3, hablaban del asesinato de Benazir Bhutto y la presentadora ha soltado con total impunidad: “mientras el Gobierno de Musharraf afirmó ayer que Bhutto había fallecido por un golpe contra el techo de su coche al ser desplazada por la onda expansiva de la explosión que causó el terrorista suicida, hoy un portavoz de Bhutto ha reiterado que al menos una bala alcanzó a la líder de la oposición. ¿Qué la mató? Las dudas, en cualquier caso, son explosivas”.

Y entra el vídeo.

Así que si lo hacen en las noticias, carta blanca a los chistes de asesinatos, de Madeleine, de las niñas de Alcàsser, de cáncer, de terrorismo, de la homosexualidad de Rajoy, de malos tratos, de racismo, de machismo y de Pilar, la azafata de Saber y Ganar (es hora que alguien le diga que los 50 ya no son una buena edad para ser azafata. Y que sí, que es otro cruel caso de juzgar por las apariencias).

24 diciembre 2007

Cuento de Navidad.

Navidad de 1994. En realidad, no recuerdo qué año fue. He supuesto que yo tendría diez años porque ya era lo suficientemente mayor como para manipular pegamento de barra. En mi casa, cuando el hijo cumple diez años, es tradición entregarle una barra de pegamento como símbolo del paso de la niñez a la edad sensata de no hacer tonterías. Cuando cumple once, se le retira, como símbolo de error.

Esa Navidad quise hacer algo bonito para mi familia. En el colegio nos enseñaron que los mejores adornos navideños son los que se hacen desde el corazón y con tus propias manos. Todos los niños de la clase habíamos hecho un pesebre, es decir, pintamos con estricto cromatismo aleatorio unos dibujos de los personajes del belén. Luego los recortamos y, con unas pestañas, los pusimos de pie sobre un fondo de Jerusalén que habían dibujado los profesores –los únicos que, por mera cuestión de edad, sabían qué era Jerusalén. Recuerdo el enorme impacto que me supuso que la Virgen fuera negra y llevara un vestido hecho con la bandera del Barça. Aún así, era un pesebre bonito. Fue años más tarde cuando descubrí que si un trabajo manual del colegio nos puede llegar a parecer hermoso o harmónico es porque lo coordina un profesor de primaria, que es una persona que se ha pasado cuatro años estudiando para aprender a fingir que dibuja como un niño-espabilado-de-clase-media-alta-de-entre-5-y-10-años.

Esa Navidad, digo ya por tercera vez, o sea, la Navidad del 96, hice para el pesebre familiar una bella estrella para que guiara a Sus Majestades y a Sus Pajes. No quise innovar, seguí un patrón clásico: dibujé una estrella fugaz en una caja de zapatos, la recorté, la unté de pegamento y la llené de purpurina dorada. Se la regalé a mi madre, le vino una arcada y la puso en el pesebre. Porque, antes que critica de arte, es madre.

Quizá porque las opciones de ocio eran muy limitadas, quizá porque quería que mi madre viera que su hija tenía algún talento, pensé que una broma relajaría el ambiente y haría que todos dijeran entre risas y golpecitos en la espalda: “aiii… ¡pero que salada que es la niña!”. Y lo primero que se me pasó por la cabeza fue hacer algo con una nuez. En mi casa abundaban porque por la tele decían que algunas contenían una pepita de oro, y que si te tocaba te hacías millonario. Y por probar no perdíamos nada. Al contrario, ganábamos colesterol. Así que cogí la cáscara –las dos mitades- de una nuez que había comido mi padre, me la llevé a la habitación y la volví a pegar, absolutamente vacía. Luego, disimulando, la volví a dejar en el cesto de los frutos secos y los turrones. Mi chisporroteante plan era que alguien abriera la nuez (jajaja…) y… y… (madre mía cómo os vais a reír…) y… se la encontrara (prfffffff…) vacía. ¡¡Jajajajajajajaja!! ¡¡Vacía!! ¿Lo pilláis? ¡¡Una nuez y vacía!! Dios, qué risa…

Así que me pasé horas con los ojos clavados en esa nuez, vigilando a todos los que se acercaban. No quería perderme el glorioso momento en que alguien cogiera mi nuez trucada y descubriera que no llevaba fruto.
“¡Oh! ¡Está vacía!”, diría la víctima.
“¿Qué dices? ¿Cómo va a estar vacía? Déjame ver. (…) ¡Está vacía!”, diría otro.
Desconcierto, especulaciones yyy…
“que es una bromaaa… ¡que he sido yo que soy la monda!”.
TODOS: “Jajajajajajaja”.
10 minutos de la familia riendo mi ocurrencia e intentando averiguar cómo lo había hecho.

Pero eso jamás sucedió. El tiempo pasaba y mi nuez seguía sin comer: ese día preferían higos o cogían la nuez de al lado. Me rendí muy rápido. Era cuestión de tiempo que alguien la comiera, pero el hecho de que no fuera tan inmediato como pensaba, me quitó la ilusión. Poéticamente, diré que cerré los ojos y perdí la nuez de vista para siempre; quise olvidarme y abandoné vilmente a mi chiste no-nato. Puestos a no mentir, diré que me entró el pánico, intenté retirar la nuez para ir llorar a mi cuarto pero con el cabreo y los nervios no supe cuál era. Estaba claro, el chiste no iba a entrar.
“¡Oh! ¡Está vacía!”, diría la pobre persona que sólo quería comer una nuez en paz.
“¿Qué dices? ¿Cómo va a estar vacía? Déjame ver. (…) ¡Está vacía!”, diría otra de las personas sensatas de casa.
Desconcierto, especulaciones yyy… “que es una bromaaa… ¡que he sido yo que soy la monda!”.
“¿Te lo dije o no que esta niña era imbécil?”.

Me fui para no ver mi derrota.

Poco imaginaba que, minutos después, mi padre abriría la nuez y el giro de los acontecimientos elevaría la travesura a la categoría de sketch. La nuez estaba vacía, sí, pero contenía un poco de purpurina… de esa purpurina dorada que, después de haber hecho la estrella, quedó milagrosamente en la barra de pegamento. Al utilizar el mismo pegamento para enganchar la cáscara, quedó allí pegada, sin yo saberlo.
“¡Oh! ¡Está vacía!”, dijo mi padre.
“¿Qué dices? ¿Cómo va a estar vacía? Déjame ver. (…) Qué raro… pero si brilla. (…) ¡La pepita de oro! ¡Nos ha tocado la pepita de oro! ¡Esto es polvo de la pepita! ¡Seguro que te ha caído! ¡¿Dónde está la pepitaaaaaa?!”, dijo mi madre.
Terror, toda la familia agachada buscando la pepita, levantando sofás yyy… (no, no aparezco en esta historia. Recordad que estoy llorando en mi cuarto)
TODOS: “¡¿Pero cómo podemos ser tan desgraciados?!”

Moraleja del cuento: en estas fechas tan señaladas, no perdáis la oportunidad de hacer sentir mal a la gente que queréis.

Epílogo: yo me enteré de lo que pasó unos meses más tarde, cuando mi madre contaba a una amiga la mala suerte que teníamos, “que una vez que nos toca algo y perdemos la pepita”.

Me entró el pánico de nuevo. Y callé. Acababa de saber que había perdido millones y millones de pesetas; no quería perder el amor de mi madre el mismo día.

20 diciembre 2007

Humorista.


Según la RAE:

Humorista: com. Persona que en sus obras, literarias o plásticas, o en sus actuaciones en espectáculos públicos cultiva el humorismo. (vid. Humorismo: m. Actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios.)

Según yo, mí, me, conmigo:

Humorista: 1. com. Persona que en sus actuaciones busca la diversión del público aunque esto suponga un peligro real para su integridad física. (vid. Peligro real: acto de ponerse una nariz de payaso que impide la respiración e intentar luego sacar el humo del cigarro por las fosas nasales, ergo por el postizo)

2. m. Gilipollas.

3. m. f. Tomás Fuentes.

18 diciembre 2007

Abrazar en su justa medida.

Mi padre es un hombre que habla, quizá, tres veces al año: por su cumpleaños, por Navidad y cuando gana el Barça. Sólo se preocupa por su mujer y por sus cuatro hijos. No le importa nadie más. Todo el mundo le cae mal hasta que se demuestre lo contrario. Y si nunca se demuestra, no pasa absolutamente nada. Tiene su grupo de amigos de toda la vida, con los que va a la montaña, a esquiar, a montar en bici o a saltar barrancos. Si alguien puede ser tan sorprendente o tan interesante como la Naturaleza, que le llame. Si no, que le dejen en paz.

Según él, ahora le tocaría estar tranquilo y retirado en un refugio de montaña, con mi madre. Él se dedicaría a ir en bata y a asustar a los niños del pueblo. Mi madre, a desmentir su locura. Y así serían felices. El glorioso día aún no ha llegado, pero sí los sesenta –aunque todavía recuerde orgulloso el día, hará sólo unos diez años, en que le echaron treinta y ocho. Ha empezado a hacer una vida más reposada y convencional: salen a pasear por las calles de Mataró, cenan con otros matrimonios y aprenden a usar Internet (su chiste estrella: “yo no navego; naufrago”). Mi madre le obliga a socializarse y Ramon cumple, porque tiene claro que esto de relacionarse con otros es un trámite: sabe que acabarán en su refugio porque en la vida le ha pedido nada a nadie y siempre ha aguantado todo lo que ha caído. Y él sabe que el Tiempo pone a todo el mundo en su lugar. O sea que le deben una.

Pero mientras no se ajustan las cuentas divinas, tiene que hacer vida mundana. Y hacer un enorme esfuerzo para adaptarse y copiar el comportamiento del resto de los humanos. De momento todo marcha según el plan, nadie ha descubierto su verdadera identidad. Aunque el otro día me confesó –se acerca la Navidad, que hable es algo lícito- que tenía una duda en cuanto a la forma de relacionarse. Hasta la fecha y hasta donde llegaba su experiencia, dos hombres, si eran amigos/conocidos, cuando se encontraban, se abrazaban y se daban un par de golpes en la espalda. Pero resulta que, según ha observado, ahora se ha puesto de moda abrazarse y frotar con la mano la espalda del otro. Y eso no es un abrazo, es un frotamiento. ¿Y por qué querría alguien frotar a otro? Luego, me miró fijamente y me preguntó: “¿Tú sabes algo de eso?”.

Juro por mi padre que no, que no sé nada. Pero sólo por el esfuerzo que está haciendo, sólo porque sé que se está dejando frotar la espalda para no montar en cólera y darle un disgusto a mi madre, preguntaré por ahí, a ver qué se sabe. Si tiene que pasar por ello, merece tener una explicación. Una explicación racional. Su creencia en la Justicia Divina no contempla el acto de fe.

15 diciembre 2007

2 hombres como Dios mandaL.

Sin haber resuelto todavía el accidente cromático de la pared de mi habitación, hago que se pongan manos a la obra y que empiecen a montar los muebles. He aquí la ficha artística:

Artistas: Adrià –becario de Ikea- y Esteller –rey de los anagramas-

Título de la obra: ESTRUCTURA DE CAMA MANDAL

Corriente artística: “la puta lógica del absurdo sueca”

Dimensiones: 1.40 x 2.00 m

Pasos: 37

Cervezas: 4

Coca-colas: 1

Olivas: 2 latas

Queso: poco y mal cortado

Tiempo: 3 horas

Piezas restantes: dos clavos

Insultos hacia mi persona cuando se equivocaban y resultaba que yo tenía razón: (murmullos inaudibles)

Declaraciones de los artistas: “Estará tan bien encajado que conseguiré que puedas mear en este cajón. Y eso es lo que hay que pedirle a un mueble”.

Su obra fue un éxito de crítica y público, pero los mismos artistas, a los cinco minutos, empezaron a aborrecerla. Sospechaban que era extremadamente pequeña, que limitaba enormemente las posturas sexuales que se podían hacer en ella. Y eso es lo que quiere siempre un artista: que la gente pueda follar en su obra. Así que, para salir de dudas, se atrevieron con un proyecto más ambicioso: una serie de fotografías eróticas que probaran la capacidad de la ESTRUCTURA DE CAMA MANDAL.



Este proyecto los consolidó entre los expertos del sector. Del sector agrario. Pero aún así.

11 diciembre 2007

Más alto, por favor.

Hace una semana, fui a hacerme la revisión médica. De momento todo bien, gracias. Sólo resultó que tengo una ligera sordera en el oído derecho. No hay por qué asustarse, sé de donde viene. Yo tenía un año. Mi dulce hermano, Belcebú, siete. Y se le ocurrió la broma de subir el volumen de la tele al máximo y luego darle al mute. De este modo, cuando la niña se sentara a ver la tele, él podría quitar el mute de golpe, algo que inundaría el salón de un estrepitoso ruido, que él imaginaba que serían nuestras carcajadas, porque es una broma graciosísima. La cosa le salió mal. Y a mí se me reventó el tímpano derecho.

No había vuelto a pensar en el tema. Si no me lo hubieran contado mis padres, ni lo sabría. Pero cuando el médico me dijo lo de la sordera, recordé la historia… y ya te quedas con la cosilla.

Pues bien. Hoy estaba cenando. Mi compañero de piso (D. 2.0), a la derecha. Un vaso de coca-cola, a la izquierda. D. 2.0 me hablaba y yo sólo le decía –con cara de mirar el sol a las tres de la tarde- “¿qué?”, “¿dime?”, “¿perdona?”. En cambio, a mi izquierda, no dejaba de oír a la ruidosa coca-cola y sus burbujas. Dios mío. ¿Y si la onda expansiva no me reventó el tímpano derecho sino que lo desplazó al izquierdo? ¿Tenía doble sensibilidad en un oído?

Y, entonces, he cometido el error de expresar mis dudas a D. 2.0: “¿no hace mucho ruido esta coca-cola?”.

Me ha mirado como si estuviera loca. Y no se ha molestado ni en comprobar lo de la coca-cola.

Es verdad, algunas personas te dan la espalda cuando más las necesitas.

Suerte que, al menos, sabe cocinar.




Ética periodística.

El pasado sábado, en la Noria, Jordi González le hacía una entrevista a Jorge Javier Vázquez, a quien a partir de ahora, para proteger su identidad, denominaremos JJV. El muy avispado JJV pasó de defenderse de todas las acusaciones contra el Aquí hay Tomate y practicó el viejo, noble y humano arte de hacerse la víctima y echarle la mierda a los otros.

Primero dijo que está harto de que se le juzgue por su condición sexual. Amigo JJV, es verdad que se te llama popularmente “el maricón del Tomate”, pero lo que nos molesta no es que seas maricón: es que eres un maricón subnormal. Bien entenderás que no te podemos llamar subnormal, porque hay toda una corrección mediática alrededor de los disminuidos psíquicos y estaría mal meterse con ellos. Por muy gracioso que pudiera resultar. No te puedes meter con un enfermo ni con ningún colectivo que desgrave o tenga subvenciones del estado. Así que no nos queda otra que llamarte “maricón”. Podéis ir en contra de vuestros principios y proclamar que la homosexualidad es una enfermedad. Entonces sí. Entonces, por decoro, te tendremos que buscar otro epíteto. De mientras, jódete, maricón.

Luego fue cuando encendió el ventilador para que la mierda que sale por su boca salpicara a cascoporro. Dijo que su programa quizá no era el paradigma de la ética, pero que al menos él trabajaba en una productora en la que no se subministra cocaína a los trabajadores cuando están cansados, en la que los trabajadores no dan su dinero en las fiestas para que se compre cocaína de la mejor calidad y en la que los directivos pueden presumir de no haber intentado abusar sexualmente de ninguna compañera. Se refería a Globo. Aquí sí que estoy de acuerdo; que Globo haga esto es una vergüenza. Porque donde yo trabajo, cuando estamos cansados, nos hacen una mierda de marionetas con calcetines; siempre que ponemos dinero nos estafan y compran coca que no es pura ni en un 20%; y los directivos practican el sexo sólo entre ellos... y la mayor parte de las veces no nos dejan ni mirar.

Así que no te quejes, maricón. Y si no, dile a los de tu productora mega chuli que te hagan un 12 meses 12 causas.

Pero felicidades por tu programa.

09 diciembre 2007

Caca-o.


Ya lo dijo el artista: “cuando yo lo imaginé, era sublime; pero esto, esto es una puta mierda”.

Así me he sentido yo. Presionada por todas esas voces –ninguna dentro de mi cabeza- que me decían “cómprate una habitación, pinta, deja de vivir como una rumana” me he comprado una habitación, he pintado… pero sigo viviendo como una rumana. Al menos hasta que monte (uso la primera persona del singular, pero gracias a Dios un desinteresado muchacho con chaiselonge se ha ofrecido a hacerlo) los muebles. Ahora sólo tengo una triste cama y unas paredes a medio pintar.

Yo imaginé –mejor dicho, copié- una pared de color chocolate y el resto de la habitación en blanco. Lo había visto en un par de casas y me había gustado. Es lo típico que te dicen “y esta pared, la pintaré de color chocolate” y el otro hace “sí? Vols diiiiir?” y luego resulta que queda la mar de bien. La verdad es que, en cuanto a decoración se refiere, siempre tengo que copiar de alguien. Mi sentido estético es nulo. Sólo sé que el negro es elegante –qué paradoja, con lo perseguidos que están algunos- y a partir de aquí… nada. No sé combinar. Soy incapaz de proponer. Así que hago lo que veo, que es un comportamiento muy humano.

Pero al llegar a la tienda para que me hicieran el color, dije: “prepáreme el color chocolate”. A lo que el rompedor-de-ilusiones del dependiente respondió: “sí? Vols diiiiir?”. Y claro, yo lo quiero porque lo he visto, pero soy incapaz de defenderlo. Así que me dejé aconsejar y acabó haciéndome un marrón chocolate-con-leche… cuando yo quería un chocolate-80%-cacao. Y hoy, al pintar, haciendo la prueba del color, descubro que lo que imaginé chocolate se parece misteriosamente a la mierda. Bueno, no. Misterio ninguno: el cabrón del dependiente.

Medio deprimida, dejo de pintar. Llevaré la pintura y que me añadan negro. Pero esto no podrá ser hasta dentro de una semana. Así que, gracias a los listos que me aconsejaron que me hiciera mi espacio para estar a gusto, tengo que pasar cinco días sin muebles y con una mancha en la pared que me recuerda las proezas que hacía Copito de Nieve con sus heces y un simple cristal.

Si tuviera más personalidad u otra propuesta de color, os juro que os mandaba a todos a la mierda. Que es un sitio que queda, más o menos, en mi pared.

08 diciembre 2007

Ui sí. Ahora tengo un blog.

He rajado lo que no está escrito de la gente que tenía blogs: “a mí qué coño me importa lo que opine”, “va de guays”, “qué moda tan estúpida... ya me dirás qué tiene que contar”, “¿esta? Esta lo que es es una puta”. Aun así, hoy he abierto uno.

¿Por qué? Recientemente empecé a leer blogs con la intención de criticar con conocimiento de causa. Hasta ahora los criticaba sin haber leído uno en mi vida. Los había visto sólo de pasada, buscando algo en el Google que me reenviaba directamente a un blog de algún gilipollas que utilizaba amarillos, azules y Comic Sans. Odio las Comic Sans. Me parecen la hija monguer de la tipografía. Y sólo veía posts y post-posts de gente que resumía su pensamiento con “juaaaas”, “jajajajajaja” y “xD ;P :S”. A ver, que estaba intentando copiar una opinión como Dios manda. Aunque, mucho peor, la gente que se extiende contando intimidades que no interesan a nadie, con expresiones del tipo “aprendemos a estar juntos, a ser uno, a respetarnos. Cada vez más él, cada vez más yo. Pero siendo nosotros”. (Sí, claro, yo soy soltera. De aquí el odio) Mierda pura. Next y next de gilipolleces. Pastiches de fanfarrias.

Pero vaya-vaya-vaya, cuán grata mi sorpresa cuando descubrí blogs que molan. Es un mundo aparte: el de los blogs que molan. Gente que escribe como una persona normal. Una persona normal es la que no es ni monosilábica ni habla con una retahíla de muros de Ragazza. Que utiliza sujeto y predicado. O que al menos se curra emoticonos graciosos, como ese de un tío que mueve así la cadera arriba y abajo… y el rabo le da vueltas, como si fuera una aguja de un reloj. Contado pierde, pero ese es la monda.

Total. Que con la pretensión de ser una persona normal, inauguro mi blog. Dije que sería mi propósito de año nuevo, pero entender para qué sirve el Facebook será mi nuevo propósito. Puedes tirar bolas de nieve a tus contactos. En la vida real te echas unas risas, porque la nieve apretada es dura y agredir es algo gracioso. Pero que te llegue un mail que dice “X throw you a snow ball”… pues eso… otra cosa que, contada, pierde.Así que ahora me expongo a todos los “a mí qué coño me importa lo que opine”, “va de guays”, “qué moda tan estúpida, ya me dirás qué tiene que contar”, “¿esta? Esta lo que es es una puta”. Y, ya os digo, que estáis acertando con todo.