He pensado durante cinco largos minutos cómo escribir un post sin justificarme, sin buscar una excusa que explique por qué no escribo desde julio. Pero me ha sido imposible, en parte por la fuerte educación cristiana que no recibí, con todo lo de la culpa, la expiación y todo el rollo, en parte porque me gusta pensar que hay gente que lee este blog y espera alguna explicación.
Como algunos sabréis, he tenido un hijo medio monguer: PostLost (por cierto, ya está el último capítulo). Eso quita mucho tiempo. La paternidad no está clara: 1dia1causa o Pajasmentales. Una, que es muy puta.
Y luego ya está todo aquello de la pereza, la falta de rigor y una situación de felicidad absoluta que me ha mantenido alejada de este blog. No sé si era Bécquer o algún que otro tuberculoso quien decía “cuando siento, no escribo”. Él se refería a que cuando estás viviendo no te paras a escribir, porque estás por lo que hay que estar, que es disfrutar. Yo, cuando soy feliz, tampoco escribo. No por este motivo que acabo de decir, que me parece muy bien en tu siglo de gente antigua, pero ahora te harían mobbing en tu oficina de poetas. No. Yo cuando soy muy muy feliz no escribo porque sólo me saldrían posts de confettis, ponys y otros animales graciosamente y bellamente desproporcionados que, con un nivel de endorfina estándar, deberían tirar para atrás. Así que he esperado a digerir todo lo bueno que estaba pasando; a aceptar esa felicidad; y a poder mirarla con distancia (uy sí, la postmoderna). Ahora ya puedo volver a cultivar el noble arte del RESQUEHUMOR.
No prometo rigor, ni sangre, ni sudor, ni lágrimas. Prometo… cosas, de vez en cuando.
Pero vuelvo, como el turrón de ajo.
Y feliz año nueve, un chiste que si no os habían hecho es porque salís muy poco.
.
Como algunos sabréis, he tenido un hijo medio monguer: PostLost (por cierto, ya está el último capítulo). Eso quita mucho tiempo. La paternidad no está clara: 1dia1causa o Pajasmentales. Una, que es muy puta.
Y luego ya está todo aquello de la pereza, la falta de rigor y una situación de felicidad absoluta que me ha mantenido alejada de este blog. No sé si era Bécquer o algún que otro tuberculoso quien decía “cuando siento, no escribo”. Él se refería a que cuando estás viviendo no te paras a escribir, porque estás por lo que hay que estar, que es disfrutar. Yo, cuando soy feliz, tampoco escribo. No por este motivo que acabo de decir, que me parece muy bien en tu siglo de gente antigua, pero ahora te harían mobbing en tu oficina de poetas. No. Yo cuando soy muy muy feliz no escribo porque sólo me saldrían posts de confettis, ponys y otros animales graciosamente y bellamente desproporcionados que, con un nivel de endorfina estándar, deberían tirar para atrás. Así que he esperado a digerir todo lo bueno que estaba pasando; a aceptar esa felicidad; y a poder mirarla con distancia (uy sí, la postmoderna). Ahora ya puedo volver a cultivar el noble arte del RESQUEHUMOR.
No prometo rigor, ni sangre, ni sudor, ni lágrimas. Prometo… cosas, de vez en cuando.
Pero vuelvo, como el turrón de ajo.
Y feliz año nueve, un chiste que si no os habían hecho es porque salís muy poco.
.

5 apreciaciones:
¡La hija pródiga ha vuelto! ¡Viva i bravo i alfa i tango!
Se la echaba de menos. Aunque sea la primera vez que usted vea mi firma en su blog, la sigo des de hace por lo menos 2 semanas o así.
Enhorabuena por su vuelta, por PostLost y por su blog y tal y cual.
¡Hala pues! Vaya con Dios, joven.
Yo pensaba que habías muerto.
Basta ya de tanta felicidad, que das hasta rabia.
Saludos y feliz año!
sí que fas ràbia, sí
Oh! Gracias por lo de Isabel COixet!
Porque era un homenaje a míu, no?
Porque lo de tu felicidad ya sé que sí, que es por mí, pero lo de la Coixet también, no?
Va, sí...
Uy sí! cuanta actividad en este blog!
Publicar un comentario en la entrada