19 octubre 2009

La triolgía de V. Parte I.

Quiero contar la historia de V.

V. era una niña que vino a mi clase a cuarto de EGB. Justo antes de que viniera, nuestra profesora nos avisó: “mañana vendrá una niña nueva, V. Debéis tener paciencia con ella. No tiene la misma facilidad para aprender que vosotros, tiene su propio ritmo. Pero estoy segura de que se adaptará perfectamente”.

Y llegó V. A juzgar por su aspecto, V. parecía la típica empollona: fea, con gafas y bigote. Pero no. No era de esas. Era la típica tonta… fea, con gafas y bigote. Nos sacaba tres años. Le correspondía estar en séptimo de EGB, tal y como apuntaban sus incipientes y reivindicativos pechos, pero Dios y el AMPA quiso que ella no pudiera estar con los suyos por un problema de aprendizaje. Mientras nosotros avanzábamos y multiplicábamos por dos cifras, V. se sentaba en un rincón con sus cuadernillos para reseguir una y otra vez la silueta de los números, rezando para que ese fuera el día en que, por fin, consiguiera recordar hacía qué lado iba la barriga del 5.

A mí V. me daba pena. Porque sabía que no podía estar a gusto con niños tres años menores que ella. Porque todo el mundo se reía de ella. Porque le preguntaban: “V. ¿Cuánto son cinco por siete?” y ella miraba fijamente a la señorita, sin decir nada, provocando silencios de más de un minuto, sabiendo que si aguantaba así un rato más, la profesora empezaría a cuestionarse si realmente le había hecho o no la pregunta.

Así que intenté ser su amiga. Pensaba que si nos hacíamos amigas, toda la clase la aceptaría. No es que yo fuera la guay de la clase, no. Si por mis cualidades fuera, hubiera sido, sin duda, la marginada de la clase; pero mis hermanos eran los más temidos del colegio y eso me convirtió en una niña popular e intocable. Eso sí, fui una criatura exquisita y nada problemática, así que nunca usé mi derecho heredado a cagarme en la merienda de quien quisiera. Yo usé mi popularidad para hacer el bien. Y me acerqué a V.

Pues oh twist, cágate la tía puta, que resultó ser una zorra engreída. No quiso saber nada de mí, ni de quien se intentó acercar a ella. Los humanos tendimos a pensar que los feos y tontos son unas bellísimas personas castigadas por una cruel ironía que se nos escapa, que sólo hay que tenderles la mano para que florezca su maravillosa personalidad. Pero no. V. no hacía el mínimo gesto por adaptarse. Simplemente no le interesábamos. Estaba bien como estaba. Seguramente sentía la misma pena por nosotros que nosotros sentíamos por ella.

Y a mí V. me empezó a caer muy mal.

6 apreciaciones:

javilon5 dijo...

Muy bueno el twist! La cosa promete.

Por un momento he pensado que la chica no tardaría en echar la cabeza hacia atrás para introducirse un hamster en la boca y devorarlo con ansia pero luego he entendido que lo de V era la inicial de su nombre.

Nota: Es que yo muy espabilado tampoco soy.

Ghandi dijo...

5x7? Agafa un cagarro i esmorza.

albert dijo...

De què va aquest post? Jo m'he quedat encallat allà on deies que tenia les tetes grosses.

5x7? Por el culo te la inco.

albert dijo...

Fixeu-vos lo imbècil que arribo a ser, que intento fer una broma amb l'equívoc de "por el culo te la inco" i la faig ben feta.

Canvieu 5x7 per, per exemple, 3x7, i el gag ja recobra sentit.

Disculpin les molesties.

Anónimo dijo...

"mis hermanos eran los más temidos del colegio".

O sea, que eres gitana. O mora.

(En realidad son la misma raza)

Anónimo dijo...

Me pasó exactamente lo mismo con una chica de la uqe se reían y le hacían putadas. Cuando me intenté acercar a ella me echó con desprecio. Desde entonces me dejó de dar pena.